Dos joyas declaradas patrimonio de la humanidad.
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Santa María del Naranco. |
Cuando uno llega por primera vez a la capital asturiana, se encuentra con numerosos lugares de obligada visita y, si no dispone del tiempo necesario, difícilmente podrá abarcar todos ellos. Se enfrenta entonces a una difícil elección: ¿qué ver ahora, y qué dejar para futuras visitas? Ante este dilema mi consejo es que dirija sus pasos hacia el monte del Naranco. Es esa montaña en cuya cima, a unos seiscientos metros de altitud, se encuentra el monumento al
Sagrado Corazón de Jesús que domina toda la ciudad de
Oviedo. Ese es el camino que debe seguir el viajero, aunque no ha de subir hasta lo más alto del monte. La propuesta que aquí les hago se encuentra a mitad de camino, en la ladera del monte del Naranco. Allí se encuentran, separadas por unos doscientos metros, dos joyas del prerrománico asturiano:
Santa María del Naranco y
San Miguel de Lillo.